Palabra de barro
Puedo
Puedo hacer
Puedo hacer una palabra
Puedo hacer una palabra como un cuenco
Un cuenco como una palabra puedo hacer
Un cuenco como una palabra que se colma
Una palabra que se colma a lo que tu la sometas
Sometida y rebelde al tiempo mismo
Al mismo tiempo de su creación
De su creación al hombre mismo
Al mismo hombre sometido a su palabra
De su palabra al mismo tiempo rebelde
Una palabra puedo hacer entonces
Criarla puedo
Puedo darle alas
Darle caminos para que elija por dónde
Por donde elija habrá caminos
Y caminos habrá espesos en sombras
Y habrá otros en zorzales espesos
Expreso un camino posible para esta palabra
Esta palabra como un cuenco
Un cuenco como de barro y sol y agua y manos posibles
Una palabra que fue cantera y fue un hombre
Fue un artesano que temprano su barro buscó
para hacerla posible en un mundo
imposible de palabras
de palabras de plástico y eterno metal.
martes, 2 de febrero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
INVENTARIO DE UNA MOCHILA
(mochila libro encendedor dni abrigo cigarro lapicera libreta llaves)
MOCHILA
No tanto una dura carga
No es tan mala la espalda cansada
Mochila llevada como dulce canasto de chola
O mejor: buena compañera de caminos
Por andar andando compañera
Lo que hay adentro
Nunca puede permanecer oculto
Y siempre hay un gran viaje en la vida
Y siempre queda su memoria de agua fresca
Ese adorno que compraste alguna vez
Vos sabés donde, cargado con que vivencias
Si la vida es el viaje que estamos esperando
Así redondo como suena carajo, naranja de vida que nos toca
Y nos gusta hacerla sonar hasta que se rompa
Temblar adentro del corazón enamorado
Inútil
Agradecido
Auque todo día atardezca
Habrá un fuego temblando bajito
Habrá una canción que debamos tararear
LIBRO
Como fina tela de araña
uniendo
el principio de estar despierto o soñar
Digo hilvanando eso
que no se puede nombrar
Allí está el libro
sus redes de palabras
sus asociaciones libres
El libro es el árbol:
Copa y raíces
El signo del hombre
La imaginación profunda
Desbarrancada
El verosímil imposible
ENCENDEDOR
La conquista del fuego
El rayo enjaulado
Criogénesis de gas frío
Para revelar tus ánimos
Tus remolinos enardecidos
Pequeño infierno de bolsillo
Todos tenemos un pequeño incendio
Quemándonos el cuore
A fuego pausado
Muy lento
¡Que arda!
CONTINUARÄ . . .
(mochila libro encendedor dni abrigo cigarro lapicera libreta llaves)
MOCHILA
No tanto una dura carga
No es tan mala la espalda cansada
Mochila llevada como dulce canasto de chola
O mejor: buena compañera de caminos
Por andar andando compañera
Lo que hay adentro
Nunca puede permanecer oculto
Y siempre hay un gran viaje en la vida
Y siempre queda su memoria de agua fresca
Ese adorno que compraste alguna vez
Vos sabés donde, cargado con que vivencias
Si la vida es el viaje que estamos esperando
Así redondo como suena carajo, naranja de vida que nos toca
Y nos gusta hacerla sonar hasta que se rompa
Temblar adentro del corazón enamorado
Inútil
Agradecido
Auque todo día atardezca
Habrá un fuego temblando bajito
Habrá una canción que debamos tararear
LIBRO
Como fina tela de araña
uniendo
el principio de estar despierto o soñar
Digo hilvanando eso
que no se puede nombrar
Allí está el libro
sus redes de palabras
sus asociaciones libres
El libro es el árbol:
Copa y raíces
El signo del hombre
La imaginación profunda
Desbarrancada
El verosímil imposible
ENCENDEDOR
La conquista del fuego
El rayo enjaulado
Criogénesis de gas frío
Para revelar tus ánimos
Tus remolinos enardecidos
Pequeño infierno de bolsillo
Todos tenemos un pequeño incendio
Quemándonos el cuore
A fuego pausado
Muy lento
¡Que arda!
CONTINUARÄ . . .
lunes, 21 de septiembre de 2009
Don Juan
(El hombre más triste del mundo)
El cielo se puso a llorar
y él se largó a llover.
La tristeza corría líquida por Buenos Aires,
barría las calles y era justa con todos.
Como Juan que era cada vez más triste
cuando el cielo le sonreía rojo de dientes,
con una sonrisa azul de boca dorada,
con una sonrisa dorada de boca azul.
Sea como que con sol o con noche
Juan llovía como nubecita triste.
Como nubecita triste llovía porque
una mujer lo amó en su lecho de muerte,
la muerte lo amó tanto desde joven en su cuna de miel,
la luna lo amó con un amor gris que le entibió la sombra,
la sombra pálida lo amaba muerta de vergüenza y de dulce luz.
Se entregaba como sábana sucia por unas pocas monedas,
que eran en realidad como soles simbólicos
porque en verdad amaba a Juan.
Los ojos de Juan eran dos alcauciles,
dos agrios corazones mojados con migas de pan.
Una vez una mujer,
que era pobre y triste como Juan,
comió de sus ojos
migas de Juan,
que eran saladas,
como su cuerpo,
como su lluvia,
como la boca de Juan.
Esa mujer brilló y se apagó,
triste, fugaz como estrella
en los dos corazones de Juan.
Quisiera saber cómo apagar esta tristeza,
esta pena de Juan,
este Juan que todos lloramos
y todos llevamos dentro.
Quisiera que el mundo
no fuera tan Juan como Juan.
(El hombre más triste del mundo)
El cielo se puso a llorar
y él se largó a llover.
La tristeza corría líquida por Buenos Aires,
barría las calles y era justa con todos.
Como Juan que era cada vez más triste
cuando el cielo le sonreía rojo de dientes,
con una sonrisa azul de boca dorada,
con una sonrisa dorada de boca azul.
Sea como que con sol o con noche
Juan llovía como nubecita triste.
Como nubecita triste llovía porque
una mujer lo amó en su lecho de muerte,
la muerte lo amó tanto desde joven en su cuna de miel,
la luna lo amó con un amor gris que le entibió la sombra,
la sombra pálida lo amaba muerta de vergüenza y de dulce luz.
Se entregaba como sábana sucia por unas pocas monedas,
que eran en realidad como soles simbólicos
porque en verdad amaba a Juan.
Los ojos de Juan eran dos alcauciles,
dos agrios corazones mojados con migas de pan.
Una vez una mujer,
que era pobre y triste como Juan,
comió de sus ojos
migas de Juan,
que eran saladas,
como su cuerpo,
como su lluvia,
como la boca de Juan.
Esa mujer brilló y se apagó,
triste, fugaz como estrella
en los dos corazones de Juan.
Quisiera saber cómo apagar esta tristeza,
esta pena de Juan,
este Juan que todos lloramos
y todos llevamos dentro.
Quisiera que el mundo
no fuera tan Juan como Juan.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Pasado por agua
El pasado está amarillo.
Un viejo es apolillado como un libro.
Vamos por todos los mientras:
mientras dure,
mientras tanto,
mientras estemos.
Seamos
que en mis páginas,
en mí,
no entras más
pasado de foto descolorida.
Foto que tiene la marca del ojo del tiempo.
Quiero el tiempo que se olvida en el ojo de un niño,
el que se quiebra la cintura en el centro de un reloj de arena.
Vivo en presente, vivo en gerundios:
Palpando, gustando, oliendo, mirando.
Ando mejor así: conjugado en puro ahora.
El presente
es una mariposa olvidando su alas de polvo en el día.
Siempre odié a los cazadores de mariposas.
La belleza es hermosa porque no dura,
como no dura el vino en tu vaso,
como no dura el verde marino en los olivares,
como no dura la estrella en la corriente del río,
como no duran las hojas del poeta griego
pero sí duran sus versos y el tiempo mítico,
también el río en su corriente canto de cascabeles,
sí dura el gusto del vino y el deseo de tomarlo,
y la uva circular de llanto
violeta impresa en un poemario
o el aceite que juntos quemamos
en noches impúdicas,
entre sueños alados,
entre nubes de sueños,
entre alas de algodón.
El pasado está amarillo.
Un viejo es apolillado como un libro.
Vamos por todos los mientras:
mientras dure,
mientras tanto,
mientras estemos.
Seamos
que en mis páginas,
en mí,
no entras más
pasado de foto descolorida.
Foto que tiene la marca del ojo del tiempo.
Quiero el tiempo que se olvida en el ojo de un niño,
el que se quiebra la cintura en el centro de un reloj de arena.
Vivo en presente, vivo en gerundios:
Palpando, gustando, oliendo, mirando.
Ando mejor así: conjugado en puro ahora.
El presente
es una mariposa olvidando su alas de polvo en el día.
Siempre odié a los cazadores de mariposas.
La belleza es hermosa porque no dura,
como no dura el vino en tu vaso,
como no dura el verde marino en los olivares,
como no dura la estrella en la corriente del río,
como no duran las hojas del poeta griego
pero sí duran sus versos y el tiempo mítico,
también el río en su corriente canto de cascabeles,
sí dura el gusto del vino y el deseo de tomarlo,
y la uva circular de llanto
violeta impresa en un poemario
o el aceite que juntos quemamos
en noches impúdicas,
entre sueños alados,
entre nubes de sueños,
entre alas de algodón.
domingo, 30 de agosto de 2009
Salud
No, no te vayas no,
que tengo todavía
algo que decirte.
Vení, acercate acá,
escuchame un poco:
nos debemos unas
cervezas rojas,
unas palabras caseras
ya sin casa,
ni cama, ni calma, ni miel.
Sabe algo:
sabe que tengo unas ganas locas
del corazón arrancarme
y darle al mundo algo de mí,
algo que me lleve y
lleve mi nombre,
algo que las penas valgan
y se despenen un poco,
las pobrecitas.
Sabe que afuera el mundo late
y su corazón es una rueda:
ponete a girar con él,
yo ya estoy girando.
Y sabe más:
¡sabe a naranjo che!
Sabe que sós libre,
si libre querés ser
o crees serlo.
Yo te quiero y
me quiero alegrar con vos,
si te cruzo en la rueda.
Yo principio, vos fin.
Principio vos, fin yo.
Buscame si querés,
perdeme:
que me encontrarás
no se si alcanzándome.
Alto brillaremos.
Signos en el cielo.
Brújula y estrella.
Bajos brillaremos.
Signos en el suelo.
Encontrándonos siempre
a destiempo.
No, no te vayas no,
que tengo todavía
algo que decirte.
Vení, acercate acá,
escuchame un poco:
nos debemos unas
cervezas rojas,
unas palabras caseras
ya sin casa,
ni cama, ni calma, ni miel.
Sabe algo:
sabe que tengo unas ganas locas
del corazón arrancarme
y darle al mundo algo de mí,
algo que me lleve y
lleve mi nombre,
algo que las penas valgan
y se despenen un poco,
las pobrecitas.
Sabe que afuera el mundo late
y su corazón es una rueda:
ponete a girar con él,
yo ya estoy girando.
Y sabe más:
¡sabe a naranjo che!
Sabe que sós libre,
si libre querés ser
o crees serlo.
Yo te quiero y
me quiero alegrar con vos,
si te cruzo en la rueda.
Yo principio, vos fin.
Principio vos, fin yo.
Buscame si querés,
perdeme:
que me encontrarás
no se si alcanzándome.
Alto brillaremos.
Signos en el cielo.
Brújula y estrella.
Bajos brillaremos.
Signos en el suelo.
Encontrándonos siempre
a destiempo.
viernes, 28 de agosto de 2009
Plaza de pájaros
Vuela el pajarito a la derecha.
Vuelto el pajarito a la izquierda.
Vuela la pelota la brecha.
Vuelta la pelota da vueltas.
El niño mira que mira
el cielo formando arcos.
Sea dicha su dicha,
sea aprendizaje el del niño
el poder salir volando.
Vuela la hamaca y se hamaca el vaivén,
sube un niño y otro baja a la vida.
Se desliza por un tobogán,
resuelto el niño persigue su par de alas,
por tanta cosa bella que quiera ser deseada,
por tantas huellas almidonadas
que se juegan en el aire.
La calesita,
sus nuevos ojos de perla
y qué de vueltas
da el mundo inquieto,
desde su mirada desconocida.
Ojos de niño, tiempo de estrellas,
qué de vueltas, qué de ojos,
que buscan ya tantos nombres:
le saca el no a la palabra nominar,
mina todos los nombres,
imanta todos los mundos posibles,
le pone sí al adverbio ya,
y se trepa a la silla para ver
la alegría de más cerca,
y mirando siempre a lo alto
se pregunta:
¿cómo se llama cuando no quiero dejar de abrazarte?
¿cómo se dice la dicha que siento al volar por los aires?
¿cuál es el color, ese que brilla en el cielo cuando se hace de noche?
¿cuándo es mañana?
Vuela el pajarito a la derecha.
Vuelto el pajarito a la izquierda.
Vuela la pelota la brecha.
Vuelta la pelota da vueltas.
El niño mira que mira
el cielo formando arcos.
Sea dicha su dicha,
sea aprendizaje el del niño
el poder salir volando.
Vuela la hamaca y se hamaca el vaivén,
sube un niño y otro baja a la vida.
Se desliza por un tobogán,
resuelto el niño persigue su par de alas,
por tanta cosa bella que quiera ser deseada,
por tantas huellas almidonadas
que se juegan en el aire.
La calesita,
sus nuevos ojos de perla
y qué de vueltas
da el mundo inquieto,
desde su mirada desconocida.
Ojos de niño, tiempo de estrellas,
qué de vueltas, qué de ojos,
que buscan ya tantos nombres:
le saca el no a la palabra nominar,
mina todos los nombres,
imanta todos los mundos posibles,
le pone sí al adverbio ya,
y se trepa a la silla para ver
la alegría de más cerca,
y mirando siempre a lo alto
se pregunta:
¿cómo se llama cuando no quiero dejar de abrazarte?
¿cómo se dice la dicha que siento al volar por los aires?
¿cuál es el color, ese que brilla en el cielo cuando se hace de noche?
¿cuándo es mañana?
miércoles, 12 de agosto de 2009
Chacarita descalza
Aturdido pero calzado
con una esquina remendada,
el zapatero Zapata
le chifla a José,
quien guiña un ojo de ceniza
(bruma de metralla prendida al aire).
José pasa, rodando en su silla,
que suena a apocada moneda de lata.
Zapata sus remiendos trabaja
con zurcida mano de cuero
y los pinta con su sangre hecha pomada.
Pisa el asfalto en su puesto
o cajita de lata descalza,
porque ha quemado las suelas de su alma,
en su hogar que son todas las calles.
El zapatero orgulloso
niega lustrar zapatos azules,
pone su oficio a los pies de pobres caminantes.
Palomas de hollín acompañan el vuelo de hilos
sobrevolando las calles agrisadas.
Un candombe hace un xilofón con lápidas
retumbando el encierro de cripta.
Chacarita huele a flores muertas
en los zapatos de Zapatero.
La gente amasijada trajina
agrupada a empellones sonámbulos.
El negro conmueve
el cuero con sus manos.
Una morocha repica
caderas al aire.
Pero la ciudad
(barniz de rocío)
suspira sobre hombres
que se acementan en estatuas.
Aturdido pero calzado
con una esquina remendada,
el zapatero Zapata
le chifla a José,
quien guiña un ojo de ceniza
(bruma de metralla prendida al aire).
José pasa, rodando en su silla,
que suena a apocada moneda de lata.
Zapata sus remiendos trabaja
con zurcida mano de cuero
y los pinta con su sangre hecha pomada.
Pisa el asfalto en su puesto
o cajita de lata descalza,
porque ha quemado las suelas de su alma,
en su hogar que son todas las calles.
El zapatero orgulloso
niega lustrar zapatos azules,
pone su oficio a los pies de pobres caminantes.
Palomas de hollín acompañan el vuelo de hilos
sobrevolando las calles agrisadas.
Un candombe hace un xilofón con lápidas
retumbando el encierro de cripta.
Chacarita huele a flores muertas
en los zapatos de Zapatero.
La gente amasijada trajina
agrupada a empellones sonámbulos.
El negro conmueve
el cuero con sus manos.
Una morocha repica
caderas al aire.
Pero la ciudad
(barniz de rocío)
suspira sobre hombres
que se acementan en estatuas.
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